23 noviembre, 2020

Deontología del pensamiento: Inversión Inmanente y siempre presente.

“Lo Mejor que hace el Cerebro es Aprender”  (Eric Jensen) El pensamiento sujeto a una historia de vida en construcción, inversión que esta por desempolvar y desmantelar, tanto bien nos puede hacer si dejamos que se adecue a situaciones de vida permanente para lograr mejores resultados siempre que responda a un propósito de vida de cara a un proyecto común simultáneo.

Si me está leyendo en este momento, nada le cuesta a Usted detenerse a pensar, ¿Cómo ejerce control su pensamiento sobre sus acciones y cuál es la causa que lo origina? Podría Ud. responder, ¡que locura!, ¡qué voy a detenerme a pensar preguntas como esas!, ¡No hay tiempo!…, de hecho nunca lo habrá. Estas palabras acompañadas de actitudes, que suceden en tiempo real, nos limita y nos niega la posibilidad de desarrollar nuestras capacidades.

En teoría sabemos  cómo funciona el cerebro, la mente, el espíritu, las emociones, sabemos y conocemos como podemos salir del estrés, reponernos del dolor y el sufrimiento, cómo recobrar salud y energía, sin embargo, poco tiempo le dedicamos a la praxis de cada uno de los elementos teóricos que ya conocemos y sabemos; por esto, con frecuencia vivimos desconectados de lo que conocemos y lo practicamos de manera inconsciente: El P – I – S- H. que puede favorecer el funcionamiento de nuestros circuitos neuronales o podrían causar desorden en el medio social.

“Soy lo que hago y mi conducta define lo que soy”

Somos   personas que   vivimos  el día a día de manera mecánica, debido a que llevamos años repitiendo acciones aprendidas y muchas veces impuestas por el contexto, como estrategias que nos permiten de alguna manera desenvolvernos y adaptarnos a las diversas situaciones en constante cambio. Sin embargo, el simple hecho de disfrutar lo que se  hace, puede convertirse en poder que genera condiciones saludables de relación consigo mismo, con la familia y el ámbito institucional. La actitud frente a la acción se encarga de bloquear o dejar fluir la creatividad y la innovación. Cuando el ambiente de existencia es mínimo, nos enfermamos e incluso llegamos a perder el sentido de la vida, así de contundente se nos presenta la realidad, como experiencia personal en tiempo presente con un margen de aceptación o rechazo, manifestado en actitudes de satisfacción o insatisfacción. Más allá de las difíciles circunstancias en que nos toca vivir, es nuestra responsabilidad  tomar el timón de la vida y conducirnos dentro de los códigos del deber ser. En consecuencia, asumir la vida con responsabilidad es función exclusiva y natural del ser humano, por la actividad mental que él posee, la cual nos da la posibilidad de pensar, imaginar, simbolizar y ubicarnos en  diferentes escenarios. Este maravilloso don nos coloca en un nivel particular a diferencia de otros seres vivos y, a partir de estas categorías, podemos comunicar, anticipar y prevenir, así como imaginar el futuro,  adoptar estrategias y planes específicos para logar metas y objetivos trazados, desde experiencias significativas  más allá de una forma o conducta aprendida.

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