26 diciembre, 2020

Diseñados para sentir

El cerebro es algo maravilloso, una composición de diferentes piezas que trabajan armónicamente.

Sin darnos cuenta esta controlando las palpitaciones y nuestra respiración; sabían que en un total de 16 horas que estamos despiertos al día parpadeamos 11, 520 veces aproximadamente; a lo largo de la vida nuestro cerebro nos acompaña, controlando cambios en cada etapa, y contiene una célula llamada neurona, tenemos un aproximado de 86 mil millones de neuronas encargadas para algo especifico y diferente.

El cerebro ha sido punto de investigación desde tiempos antiguos para descubrir cómo está compuesto y cómo funciona; en los años 80 un grupo de neurocientíficos estaba realizando experimentos en simios, identificaban que parte especifica del cerebro se activaba cuando ejecutaban una acción, pero se dieron cuenta de algo extra y es que otro simio que solo estaba viendo lo que se hacía, su cerebro también reaccionaba como si lo estuviera haciendo, a estas neuronas se les denomino neuronas espejo; luego se hicieron pruebas en humanos y se descubrió que también tenemos este tipo de neuronas. Mas de una persona ha visto a alguien reír y automáticamente reír con ella, ver a una persona mientras esta siendo inyectada y contraerse o hasta quejarse, a pesar de no ser quien está sintiendo el pinchazo de la aguja. Estamos orgánicamente diseñados para sentir lo que otros, podemos experimentar sensaciones muy similares, comprender de manera muy ajustada las emociones de los demás y la palabra para esto es EMPATIA.

La empatía es sentir dentro; aunque no solo sentimos, comprendemos lo que a otra persona le sucede, es algo voluntario, por lo que podemos tomar la decisión de ser sensibles y experimentar lo mas parecido posible esa otra experiencia. Nos haría mucho bien ser empáticos y esto desencadenaría un bien hacia otros, porque muchas personas sufren en silencio, no quieren ser juzgadas, percibir lastima, o no desean que les resolvamos sus situaciones, lo que realmente quieren es ser escuchadas, comprendidas, acompañadas.

Recuerdo perfectamente una ocasión en la que por motivos de la suerte, el destino o la voluntad de Dios; como quieran llamarle, unos amigos; a quienes llamare Rafael y su novia Claudia, conducíamos por una de las principales calles de San Salvador, alrededor de las 5 de la tarde con tráfico pesado, nos percatamos que un joven pedía ayuda llorando, con miedo nos detuvimos viendo que tenia a un amigo entre brazos con una herida grave, pidiendo a los conductores de los demás vehículos paso, los llevamos al hospital más cercano, Claudia y el joven que recibió la ayuda se compartieron números telefónicos. Pasados unos días llamaron para agradecer el gesto, su amigo había sobrevivido gracias a que llego al hospital; pero el motivo por el que ayudamos fue porque hacía años había fallecido el hermano de Claudia por una herida similar y nadie se detuvo para ayudarlo; ella fue empática, los conductores al ver nuestros rostros de angustia también, aunque no sabían el motivo; hay vidas que pueden ser salvadas con una llamada, con un mensaje de texto, sin juzgar ni señalar, sin arriesgarte como lo hicimos mis amigos y yo; les puedo asegurar que cuando es un acto honesto tomar una actitud empática nos hará sentir algo maravilloso y las personas con las que lo hagamos se sentirán igual. ESCUCHA, COMPRENDE, ACOMPAÑA.

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